Prólogo Alma Muerta

Se encontraba esperando en un ruidoso y viejo ascensor, Damien entonces se hallaba preparando sus pistolas, al terminar sólo esperó para llegar al piso donde se encontraba su actual objetivo. -Padre nuestro que estás en los cielos…- Musitó – Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino- Las luces se colaban por las rendijas del mismo -Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo- Agarró su collar, un relicario, donde estaba la foto de una mujer de perfil, pero su rostro estaba cubierto por su rizada cabellera negro azabache. Él no sabía quién era, pero al ver a aquella mujer le inspiraba paz, seguridad. -Danos el pan de cada día y perdona nuestras ofensas, así como perdonamos a los que nos ofenden.-  Hasta que los frenos empezaron a presionar y llegó al piso setenta y siete del edificio.-No nos dejes caer en la tentación, y líbranos de todo mal…- Se guardó entonces las pistolas en la funda y se dispuso a caminar. -Amén.- El eco de sus botas militares resonaban por todo el lugar, no había ni una sola alma en el ambiente, el aire tenía un sabor a desolado, pero pronto la atmósfera cambió cuando él llegó al final del pasillo. Miró para la derecha y una puerta se encontraba abierta, con una luz intermitente saliendo de la habitación, caminó hacia la misma y entró. Veía la luz en la mitad de la sala pendulando de un lado a otro, él sentía aquella atmósfera extraña, más pesada de lo normal.  Pues Damien lo sintió, pero no se dejó llevar por las emociones, sabía que la persona que estaba buscando estaba ahí, por lo cual se acercó más a la luz, quedando justo debajo de ella. Para su sorpresa, la puerta se cerró de golpe, y la luz se apagó. Sentía que alguien estaba ahí con él, pero no podía ver nada, sentía sus rápidos movimientos, sus suspiros, sabía que eso lo estaba analizando, tal vez viendo de quien se trataba, si de un ángel, un demonio o un simple mortal o simplemente buscando que iba a comerse primero. Dejó de sentir aquella presencia. El foco que estaba encima suyo se encendió y con este toda la sala se iluminó, el pensamiento pronto confundió a Damien, pensó que vería una clase de lugar con inscripciones demoníacas en las paredes, sangre por los suelos, ratas correteando, en cambio, era un salón muy impecable, alargado, habían sofases del más fino cuero, jarrones de jade, pilares de mármol, y unos cuadros en las paredes cuyos detalles y colores hacen deslumbrar más la habitación. Fue entonces que algo llamó la atención de Damien, al final del salón se hallaba un escritorio de madera, y un señor ocupaba la silla de aquél escritorio. Era esbelto, un poco raquítico, cargaba un elegante saco y un monóculo reposaba sobre su pómulo derecho. Tenía una posición seria en la mesa, con los codos encima y los dedos entrecruzados y su rostro apoyado en ellos. Las canas decoraban su cabeza muy elegantemente. Era todo un señor de alta clase.

-¿Eres tú Baltasar Stephenson?- Expresó Damien.

-Eso dependerá de quién está preguntando.

-Fuí enviado acá a llevarte conmigo.

-¡Ah! Irónico pensar que me quieras apresar cuando tú eres el apresado, querido amigo- Dijo de la manera más agraciada posible -Así que dime, ¿Cómo piensas irte mi joven amigo? No te veo muchas alternativas.

-Me dijeron que podía llevarte vivo o muerto… Creo que les encantaría tener tu cabeza en su pared.

-Hijo, no sabes a quién estás amenazando…-Le dedicó a Damien una fría mirada de esos ojos azules- De hecho, no saldrás vivo esta noche.

Pronto las luces comenzaron a apagarse y prenderse una independiente de otra, y el ambiente volvió a sentirse sombrío, las sombras se apoderaron de gran parte de la habitación y los muebles se movían frenéticamente, y pronto no se veía más nada que aquellos ojos azules de Baltasar. Damien apresuradamente se preparó para lo peor, sabía que Baltasar era un demonio clase tres, sus habilidades iban más allá de lo paranormal, podía jugar con la mente, e incluso llevarte a la locura, simplemente para dejarte prisionero para que fueras su esclavo y al cabo de unos años absorbería por completo tu alma. Entonces Damien desenfundó sus dos pistolas y fué cuando Baltasar empezó a corretear por todos lados, y empezó a soltar una risa frenética tan fuerte que los vidrios de algunos cuadros empezaron a romperse y la mayoría de los muebles empezaron a ser amontonados en la pared por tal agudo sonido, Damien empezó a buscar en su bolso el agua bendita que había conseguido sacar de la iglesia Saint James, los demonologos habían ideado una fórmula para hacer que el agua al estar cerca un demonio emanara una luz parecida a la del sol para cegarlos y que los cazadores como Damien pudieran encontrarlos, era una herramienta muy útil para los demonios tales como Baltasar o a su vez, los de nivel superior, aunque jamás se había registrado un demonio clase cinco, y ni pensarlo, uno clase seis, los que frecuentaban el mundo terrestre con los humanos no tenían tantos pecados en su alma así como almas de humanos para alcanzar al siguiente nivel. Fue entonces que Damien sacó la botella la lanzó al aire y le disparó para que el líquido se regara por toda la sala, fue entonces que vió a la figura del demonio, lo que una vez tomó la figura de un humano, ahora era una aberración que el ojo humano no alcanzaría a describir con tan paupérrimos adjetivos, era simplemente horrible, una mole gigante, tenía hachas gigantes en las manos y su pecho estaba abierto para mostrar una especie de tentáculos que tenían espinas. Las manos se habían transformado en garras y la espalda se había vuelto gruesa y con malformaciones que daban el aspecto que fuera una montaña. La criatura entonces soltó un gemido ensordecedor, era como escuchar a diez pizarras siendo rajadas por una tiza al mismo tiempo. La bestia entonces se descontroló, y empezó a romper las paredes. Luego recobró la figura y se levantó.

-Y ahora, ¿de verdad crees que me matarás? ¡Ja! Te puedo prometer que tendrás una muerte rápida y sin dolor.

-Sólo una persona saldrá vivo esta noche, y no serás tú.

Damien empezó a caminar, y la bestia dió otro gemido que casi lo tumba al suelo, recobró de nuevo la posición y empezó a correr. La bestia por su parte empezó a lanzar sus tentáculos y empezaban a romper todo el suelo, Damien era ágil, conseguía evitar a cada tentáculo muy fácilmente, excepto por uno que lo tomó por sorpresa, lo estrujó y sentía que las púas lo desangraban. Empezó a dispararle a los tentáculos para poder liberarse, dió un breve chequeo a su situación y siguió corriendo. Empezó a dispararle a la bestia y la misma soltaba gritos de dolor cuando Damien lo hacía, era obvio que lo hiciera, cuando se trataba de balas de una aleación de plata derretida con la sustancia densa de Agua bendita. Damien le disparó con puntería certera, pero la bestia pronto perdió el control, soltó otro gemido descomunal, esta vez fué más fuerte que agudo, barrió por completo a Damien dejándolo en el suelo, Damien se paró rápidamente corrió más veloz que antes, se deslizó, saltó y esquivó los tentáculos del demonio, ya era tiempo que hacerla guardar silencio. Luego los tentáculos amenazaban con atraparlo de nuevo pero él les saltó encima e hizo lo mismo con cada uno de los tentáculos que se interponían en su objetivo. Un último salto y Damien estaba por encima de la bestia, empezó a dispararle y rápidamente se colocó en su espalda, la bestia intentó con sus hachas alcanzarlo pero Damien fué más rápido, con una mano agarró la cabeza de la bestia y con la otra empezó a disparar su cabeza repetitivamente para que las balas le atravezaran el cuello. Un último disparo y Damien le quitó la cabeza con brutalidad. La bestia se quedó paralizada y comenzó a volverse negra como la brea, hasta que todo su cuerpo se disolvió, incluyendo la cabeza que tenía Damien en su mano y luego él cayó al suelo. En el medio de la habitación ocurría algo extraño, toda la “sangre” empezaba a reunirse ahí y empezaba a formar la figura humana de Baltasar, Damien se le acercó y esperó.

-Tú… Tú no eres humano… No puedes serlo…- La figura intentó agarrar a Damien -¡Ah! pues claro que no… Eres como yo… ¡Ja ja! Pero mucho más fuerte…

Damien en ese instante se quedó impactado, que era lo que estaba diciendo el demonio “Eres como yo” Aquella frase lo confundió y sintió una ira en su interior, Damien entonces con rapidez incrustó su mano en la figura del demonio y dijo -Tú y yo no somos iguales, tú eres un demonio, y te regresaré a donde perteneces.- Lentamente sacó su mano y una luz esmeralda comenzó a salir de él, el demonio se quedó sin aliento y su cuerpo se desintegró. Como si no hubiera ocurrido algo, toda la sala se ahogó en la oscuridad y sólo quedó visible la puerta que ahora estaba abierta.

Colérico amor de velada

-Descansa que es tarde…
-Tal ves pero la noche es larga , esta para aquellos que buscan de inspiración o buscan la compañía de la luna.
-Pocos aprecian los suspiros de mi blanca madre, te agradezco por ello.
-Agradécele al silencio de los pocos que quedan para hacerle el amor a la noche.
-¿Agradecer? ¡Sentimiento curioso!
Mostrase agradecido o sentirse agraciado,
El amor, dulce cólera,
Descuido de emociones,
Imperfecciones tangibles,
Suspiros ahogados,
¿Qué más acompañara a estas almas en su velada?
-De la misma manera en la que querer no es amar,
Uno no ama a la rosa sin antes aprender a querer la espina,
Entonces… ¿Qué esperas?
¿Que el silencio te regale cuando no quieres lo que amas ?
-¡Qué las palabras rocen cada pétalo de la rosa!
Le hagan sentir maravillas,
Que esas rimas amen a la rosa,
Amen su vida, amen su pasado.
¿¡Qué no vez que la pobre esta triste!?
Amor colérico amor,
Correspondido o no siempre un colérico amor.
Las otras flores sienten celos de la rosa,
Y dejan que la pobre muera.
Estoy decidido a llamarla por las mañanas,
Y que un ruiseñor acompañe sus emociones,
Rosa triste ahora vive,
Quiere vivir de amor y no de un “te quiero, te quise”
-¡Qué ninguna flor se sienta menos que la rosa por su popular belleza!
O acaso las margaritas dejan de ser sencillas y elegantes,
Como las orquídeas dejan de ser exóticas,
O aun así, los tulipanes dejan de colorear los campos,
Sólo por decir que una flor es mas que otra.
Vivo en un paraíso de colores donde cada flor aporta su belleza,
Donde cada una se destaca por ser diferente ,
¡Qué la rosa nunca opaque a una margarita por su indudable dulzura!
O a la orquídea por su exótica belleza,
O aun así a los tulipanes que con sus colores y aromas,
Adornan los valles de mi antiguo mundo,
Que ninguna flor se opaque ante la arrogancia,
por que… ¿Cómo puede tanta belleza tener tanta envidia de otro ser? ¡Que como ella solo regala un paraíso de colores a un mundo desolado!
 
-Entonces conoces que cada una vela por la otra y no por si mismas, Hermosas criaturas perfectas unidas por un mismo propósito,
Darle una belleza que ningún poema,
Ninguna rima pudiera dar al fin,
Es un sentimiento indescriptible
Es un sentimiento magnifico,
La rosa entonces no debe temer,
La rosa entonces se siente amada,
Se siente amada por sus queridas hermanas,
No cabe duda que la madre luna
Se percato de sus criaturas,
No cabe duda que mi madre suavizó su hermosura,
Cada rosa, cada clavel, cada orquídea, cada margarita,
Cada flor en general,
Muestran las prosas que un poeta pudiera escribir para su amada
Con solo un gesto, dedicarle un te amo y no un te quiero,
Amar sin condición solo con dicha y esmero,
Comienzos de una historia soñada
Se llevan cabo, una noche.
Dos almas unidas sin importar sus distinciones,
Sólo se aman, sólo se desean,
Sólo quieren tocar el alma, de su alma gemela.
Autor Anónimo.

Disfruta de las rimas que te brindan un buen café.